El crítico panorama de los cigarrillos electrónicos

Iba a ser el negocio más grande del sector tabacalero, el punto de lanza para un cambio en la idea de negocio de la Philip Morris, un vuelco significativo para una industria que es cada vez menos atractiva. Pero la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de prohibir los cigarrillos electrónicos en su país, por cuenta del aumento en su uso de jóvenes, hizo que ayer se echara para atrás el negocio.

Philip Morris (que opera desde 1885 en Estados Unidos) y Altria (de la industria de alimentos y tabaco, en funcionamiento desde 1985) habían llegado a un acuerdo, en agosto de este año, para fusionarse con la idea de ganar mercado en el consumo de cigarrillos electrónicos.

Sin embargo, los planes se esfumaron pues la nueva empresa, que se crearía valorada en 200.000 millones de dólares, quedó sólo en el papel luego de que Juul Labs (filial de Altria que se encargaría de la producción de esos dispositivos en Estados Unidos) dijo no ver con buenos ojos el futuro de ese mercado por las trabas de comercialización.

K.C. Crosthwaite, nuevo consejero delegado de Juul, dijo en una nota de prensa que la caída del negocio respondía en gran medida a “los niveles inaceptables de jóvenes usándolos (cigarrillos electrónicos) y la erosión de la confianza pública en nuestro sector. En ese contexto, debemos trabajar con los reguladores, legisladores y accionistas, y ganar la confianza de las sociedades en que operamos”.

Y es que su regulación vuelve a pasar por un tema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo en un informe de julio de 2019 que estos dispositivos eran “potencialmente dañinos”, de ahí que se pida un control exhaustivo.

Regulación que se traduce, entre otros, en la imposición de nuevos impuestos, o aumentar los que ya existen. La medida parece necesaria si se tiene en cuenta que según datos de Euromonitor, el número de usuarios de vaporizadores pasó de 7 millones en 2011 a 35 millones en 2016. Las estimaciones son que en 2021 la cifra llegue a 55 millones.

Panorama local

El auge en Colombia también ha sido similar. Datos de esa agencia demuestran que las ventas pasaron de 4.100 millones de pesos en 2013 a 12.000 millones de pesos durante el año pasado (ver Paréntesis).

La solución, como lo dicen la OMS y gobiernos nacionales, está en “desincentivar su consumo. De ahí que más impuestos para encarecer su costo o su producción ayudarían a reducir el consumo”, dijo Raúl Ávila, profesor de Economía en la Universidad Nacional.

De hecho en Colombia el impuesto al tabaco para cigarrillos regulares también va para aparatos electrónicos. Y en el Congreso de la República se tramita una ley para desincentivar su consumo. La iniciativa, que va por segundo debate, quiere que este tipo de dispositivos se regulen bajo el marco de la Ley 1335. Esto quiere decir que se busca que no sean consumidos en espacios públicos cerrados. Lo otro que se aprobaría es que las compañías que se encarguen de su comercialización sean obligadas a informar, en la publicidad del producto, que puede generar efectos nocivos para la salud.

Misma petición que ha llegado desde algunos protagonistas de la industria, como la British American Tobacco, que en los primeros días de septiembre solicitó al Gobierno llevar a cabo planes que les otorguen a los electrónicos, parte de las exigencias que hay sobre los cigarrillos tradicionales, a manera de equilibrio en la cancha .



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